Moradas de Viento

Julio 8, 2009

Moradas de Viento

Aparecer, insinuarse, sugerir, mostrar interferencias, desdobles y sutiles huellas: a ello tiende un fantasma; no como el gesto de entes energéticos atrapados en este mundo, desubicados de su tiempo y espacio, sino como un eco de nuestra presencia, de las emociones aparejados a la experiencia de vivir en ciertos lugares y circunstancias. No es extraño pensar que la memoria este ligada a estos deslices, a la forma en que hemos vivido; y decir que, a tal memoria, lo que menos mantiene para si es un destino que la ubique y oriente, por lo contrario, muestra un nudo donde las situaciones que evocan son sólo sospechas de posibles figuras, estancias dejadas, objetos colocados que aparecen como recién usados, o la espera de serlo, aguardando el regreso del tiempo que fue, aquel que con su perdida marca una fractura, deja una huella; sombras de siluetas claras, pero cuyo reconocimiento sobre quién las provoca se mantiene oculto; espejos que duplican las estancias y la invierten, laberinto que crece del otro lado de las escaleras, que surgen e irrumpen en el espacio para cortarse entre alfombras y ventanas, llevar a ningún lado. Apenas un atisbo de cielo, la suave presencia de un caos que empieza a definirse.

Tiempo inmóvil que recolecta, en su momento de captura por el obturador, la penumbra de la luz que no empieza a llegar o termina por irse; ese estado es el de la herrumbre, no por el oxido añadido a la acumulación del tiempo en ciertas superficies, sino por la carga de eventos que justifican su estado actual: el de la rememoración de la perdida de lo que ha sucedido, ensambles que vagan por la vulneración de la imagen recuperada.

Edith Enríquez migra entre esa penumbra, caza momentos de los años que han viajado, camina entre ellos tratando de construirlos no de reconstruirlos, crearlos nuevamente según sus necesidades actuales; no son eventos de la nostalgia los que le hacen hurgar en su pasado y concentrarse en lugares que no están más, tan sólo la decisión de habitarlos en su presente, unirlos a sus sueños y violentar la expectativa sobre lo que queda de ellos. Hacer de su experiencia misma un entramado de sensaciones, lógica de la recuperación de un tiempo y de la vulneración de espacios que puedan sintetizar la experiencia de una vida, como un eco, reverberación que prolonga un evento de inicio, pero cuyo impulso mismo se prolonga siendo ya otra cosa, otro tiempo, otro espacio, trascendiéndolo y gravitando entre el silencio y la espera.

Miguel Ángel Pérez Vargas.

Moradas de Viento

Edith Enríquez

Museo de Arte Moderno del Estado de México

Inauguración: viernes 10 de julio, 2009. 13:00 Hrs.

Permanencia hasta el 10 de agosto 2009.

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